¿Debemos hacer las leyes laborales más flexibles o menos?

¿Ayuda la flexibilidad laboral a los países que la adoptan?

A lo largo del siglo 19 y 20 se han probado, a lo ancho del mundo,  varios modelos de relaciones laborales:

  1. el modelo estatalista o soviético: el Estado se encargaba, en todo momento de mantener al ciudadano y buscarle un trabajo.
  2. el modelo japonés: empleo de por vida en la misma empresa, quien se encarga de todas las facetas del empleado.
  3. el modelo laboral europeo: el gobierno le cobra al patrono todas las prestaciones sociales, todo el mantenimiento de la red de seguridad social: salud, desempleo y retiro. Esto puede representar un 60% a 80% adicional al costo del salario. Además, regula con detalle lo que debe y no debe hacer empleador y empleado. El caso extremo es el francés.
  4. El sistema laboral americano: el contrato laboral es como un contrato de compra venta de servicios. Las partes se ponen de acuerdo en las condiciones. Las prestaciones sociales obligatorias, que no incluyen el plan médico, representan un 25% del salario. Es decir una tercera parte del costo social que en Europa.

Por ahora, a principios del siglo 21, la economía que más ha crecido ha sido la americana, lo que podría ser un indicativo de que la flexibilidad laboral es mejor que la inflexibilidad.  Esto no es, de por sí, un criterio definitivo. Hay muchas cosas que influyen en el éxito económico americano y no puede bendecirse todo lo que se haya hecho en Estados Unidos. Pero sí es éste un motivo para explorar el alejarse del modelo paternalista europeo.

Ahora bien, repasando las medidas propuestas en la presente Reforma Laboral de Puerto Rico, vemos que se pueden agrupar en dos tipos

a) las que aumentan la flexibilidad: horario flexible, más facilidad para despedir y contratar, elimnar Ley de Cierre.

b) las que reducen los beneficios a las empleados: acumulación de vacaciones, de enfermedad y bono de Navidad

Las segundas (reducción de beneficios) no se justifican por la búsqueda de flexibilidad, sino de la búsqueda de reducir los costos laborales. Habría que plantearse si bajar los costos laborales, aumenta o disminuye la riqueza total en Puerto Rico, y esto depende de cuánto vayan a aumentar los empleos por ser, con esto más bajos. Si resultara en un aumento sustancial de empleos, pudiera compensar la baja en el salario promedio. Pero esto es un análisis distinto a la flexibilidad.

Pero ¿es la flexibilidad la pregunta importante para hacerse sobre el trabajo?

En esta coyuntura tan especial en Puerto Rico,  sin embargo, conviene cuestionarse cosas más profundas sobre la filosofía de trabajo que subyace a todos estos modelos modelos de trabajo:

 

 

  • ¿Tenemos que seguir con un modelo de trabajo “de factoría”: gente agrupada en cuartos, trabajando en lo mismo, en el mismo horario?

 

¿No es mejor que reconozcamos que los trabajos pueden ser ahora más flexibles y por lo tanto más adaptados a personas que tienen que hacer más cosas además de trabajar? Es decir, la flexibilidad no solo hay que pensarla desde un lado (para que el patrono acomode a su conveniencia a los trabajadores) sino también a la inversa, para que los trabajadores adapten el trabajo a su conveniencia. Específicamente, es de vida o muerte para una sociedad que el mundo del trabajo se adapte más a las necesidades de las mujeres, porque si no hacen su función femenina, de atención a los hogares, la sociedad se enferma.

  • Y segundo y más profundo ¿no ha llegado ya la hora de dejar de plantearse el trabajo como una compraventa de servicios y empezar a verlo como una colaboración en una empresa común?

Tenemos que dejar el modelo mercantilista de trabajo, que comenzó con la Revolución Industrial, y movernos hacia un modelo asociativo de trabajo, donde el empleado no le vende trabajo  un patrono, sino que colabora con él y con todos los otros empleados en sacar adelante una empresa.

Si empezamos a ver el trabajo como colaboración y no como venta de servicios, conseguiremos lo que ahora todos parecen buscar: cambiar la cultura de trabajo en Puerto Rico.

Bobby López

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